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Testo a fronte: Blanca Luz Pulido

redazione Poesia, SUR, Traduzione

Pubblichiamo oggi, per la rubrica Testo a fronte, nove poesia della scrittrice messicana Blanca Luz Pulido, tratte dalla raccolta Cerca, lejos, Textofilia, México 2013. La traduzione è di Stefano Strazzabosco.

«Cerca, lejos»
di Blanca Luz Pulido
BIFOCALES

Indecisión,
fractura.

Contornos
que se vuelven blandos,
dúctiles.

Los caminos sin aristas
de la vista cansada
recuperan en tacto
lo que la vista pierde:
el mundo se inclina más a la materia
y menos a la imagen.

No he renunciado a las sorpresas:
ahora las descubro
en la zona intermedia de los lentes
que dividen al mundo en cerca y lejos.

 

CERCA, LEJOS

Los objetos que distingo claramente
sin ayuda de anteojos
deben estar de diez a veinte
centímetros escasos de mis ojos,
distraídos y lentos ojos miopes.

Con el tiempo
he aprendido a mezclar
lo ajeno y lo contiguo,
lo proprio y lo distante.
Me acostumbré a renunciar a lo preciso,
a nivelar centímetros y hectáreas,
a la felicidad extraña
del poco ver y mucho adivinar.

Así mis días:
entre lo íntimo
que se vuelve extranjero a pocos pasos
y las vastedades que me asaltan
en una hoja, piedra o pluma.

Ni cerca ni lejos,
vecina de lo ambiguo,
a veces me envuelvo
en mi propia sombra
a descansar de las distancias
y gozar la imprecisión exacta
de mis lentos,
vagabundos ojos miopes.

 

INDECISIÓN

La mitad del cuerpo
en las ambiguas márgenes
del sueño.

Aún tímida, la luz
parece no avanzar.

En este día
quisiera negarme
a la clara verticalidad
de cuerpos
y designios.

Entre el sueño y la vigilia,
dulcemente incierta,
tal vez, por hoy,
adopte la actitud
del horizonte.

 

LA MANO IZQUIERDA

Torpe tal vez,
quizá dormida,
ocupada en tareas siempre menores.

Mi mano izquierda
revela pensativa
lo que no recuerdo,
lo perdido,
el trazo siempre vago
de sueños descendentes, imprevistos.

A veces, como quien trata
de encontrar en lo esperado
un brillo nuevo,
le doy tareas que sé no cumplirá,
le pido que sostenga instrumentos
ajenos a su alcance,
un lápiz, una aguja.

Y no me sorprenden
sus líneas oblicuas y extraviadas
ni la sangre que manchará el bordado:
como a mi mano,
los errores me nublan,
la torpeza me asedia,
y busco certezas
en un lenguaje improbable,
en la actitud de un ave,
en una piedra.

Contra la arrogancia de la diestra,
me inclino por las noches
a proteger el extravío
de esa mano cautiva de sí misma.

Ella me guarda del exceso,
conoce el abismo que me espera
y teje en silencio
la trama constante de mi sombra.

 

DESMEMORIA

¿Qué voluble dios confunde
lo íntimo y lo ajeno,
el centro y las orillas?

Una imprevisible simetría
borra por las noches
lo acumulado en la vigilia.

Los detalles olvidados
me definen, y nace
el oscuro placer del no me acuerdo:

la novedad de no ser
lo que creía.

 

GRIETA

En la barda de enfrente
una grieta se asoma,
indecisa.

La vida que ahí late
es diferente de la nuestra
pero también tendrá puentes, calles,
plazas y mercados,
gente solitaria,
lluvia o sol.

Toda la ebullición,
toda la sombra
en esa fisura
dibujada por el azar
en el muro que me ve mirándola.

De pronto
estoy en su interior,
toco sus bordes
y miro a través de ella:

es de noche,
veo pasar a una mujer, a un hombre:
caminan como si no quisieran
llegar adonde van.

La grieta no está mal,
me he acomodado en ella
y medito sobre la conveniencia
de no abandonarla:

se está mejor aquí
que afuera.

 

REINOS

Si pudiera elegir
nacer en otra forma
elegiría sin duda
pertenecer al reino vegetal.

El reino animal
es demasiado incierto,
nómada obligado
y siempre alerta.

Quisiera vacaciones
del concepto y la idea.

Mecerme
como las palmeras
o lentamente crecer,
enredadera.

Brillar como orquídea o rosa,
o perdurar castaño,
roble, olivo.

Ningún reino vive más al sol,
ninguno crece más al viento.

Ser sólo y siempre hoja,
haz y envés, serena nervadura,
savia, raíz y crecimiento
fincado en la tierra,
atento al cielo.

 

EL ÁRBOL DE LA ESQUINA

Para Alicia García Bergua

Me gusta
la calma estatura de los árboles;
su manera de estar allí
como sin proponérselo, obedeciendo
al lejano gesto de un desconocido
de sembrarlos ahí,
en ese sitio elegido para ellos
por una mano tal vez ya ausente,
o de haber nacido
de la dispersión de una semilla
llegada desde lejos,
que vino a germinar
en ese bosque, esa selva,
ese jardín que ha podido
mantenerse a salvo
de sierras y rascacielos.

Nada,
no esperan nada,
sólo ser y seguir siendo
cada mañana clara.

Su crecimiento es lento:
no hay árbol instantáneo,
ni reloj alguno con fechas de entrega
se ha visto nunca
en su tranquilo calendario
ni en sus ramas ávidas
tan sólo de espacio, viento,
agua y tiempo.

Viento para lanzar semillas,
espacio para las ramas,
– casa de las aves –,
y tiempo para que el agua se eleve
de la raíz al tronco y a las hojas.

Fórmula mejor no existe
de estar vivo y crecer al sol
y adentrarse en las sombras
hacia el centro de la Tierra.

Estas líneas quisieran
perderse entre las ramas
de aquel trueno,
alzado para gobernar
la esquina de mi calle
en este atardecer de otoño.

 

POSTAL

Los viajes
abren grietas en el tiempo.

En ellos
se asoma un ritmo nuevo
de contornos prófugos.

Abro la puerta
y llega el viaje:
como un terremoto
llega sin más noticia
que un rumor en el fondo de los días.

Viajar para exparcir,
en el intervalo de dos viajes,
el naufragio ocasionado
por las sirenas de ayer,

las de ese viaje
cuyos restos aún llegan
algunas mañanas
a mi orilla.

«Vicino, lontano»
traduzione di Stefano Strazzabosco
BIFOCALI

Indecisione,
frattura.

Contorni
che si fanno sfumati,
duttili.

Le strade senza spigoli
della vista fiaccata
ritrovano nel tatto
ciò che la vista perde:
il mondo è più vicino alla materia
che all’immagine.

Non ho mai rinunciato alle sorprese:
adesso le riscopro
nella zona intermedia delle lenti
che dividono il mondo in vicino e lontano.

 

VICINO, LONTANO

Gli oggetti che distinguo chiaramente
senza ausilio di occhiali
devono stare tra i dieci e i venti
centimetri scarsi dagli occhi,
i miei lenti e distratti occhi miopi.

Col tempo
ho imparato a mischiare
l’estraneo col contiguo,
il proprio col distante.
Mi sono abituata a rinunciare al preciso,
a pareggiare centimetri ed ettari,
alla felicità bizzarra
del poco vedere e molto intuire.

Così i miei giorni:
da una parte l’intimo
che diventa foresto a pochi passi
dall’altra i vasti spazi che mi assaltano
in una foglia, una pietra o una piuma.

Né lontano né prossimo,
vicina a ciò che è ambiguo,
a volte io mi avvolgo
nella mia stessa ombra
per riposarmi un po’ delle distanze
e godermi l’imprecisione esatta
dei miei lenti,
vagabondi occhi miopi.

 

INDECISIONE

Una metà del corpo
lungo le ambigue sponde
del sonno.

Ancora timida, la luce
sembra non avanzare.

In questo giorno
vorrei negarmi
alla chiara verticalità
di corpi
e di intenzioni.

Tra il sonno e la veglia,
dolcemente incerta,
potrei, per oggi,
adottare l’assetto
dell’orizzonte.

 

ALLA MANO SINISTRA

Potremmo dire goffa,
forse assonnata,
sempre occupata in compiti minori.

La mia sinistra
rivela pensierosa
quello che non ricordo,
quello che si è perduto,
il tratto sempre vago
di sogni discendenti, imprevisti.

A volte, quasi cercassi
di rintracciare nell’atteso
uno splendore nuovo,
le assegno dei compiti che non assolverà,
le chiedo che utilizzi gli strumenti
che non potrà impiegare,
una matita, un ago.

E non mi sorprendono
le sue linee oblique e smarrite
né il sangue che macchia il ricamo:
io come lei
sono offuscata dagli errori,
preda della goffaggine,
e cerco le certezze
in un linguaggio improbabile,
nel volo di un uccello,
in una pietra.

E contro l’arroganza della destra,
di notte ho il desiderio
di coprire gli errori
di questa prigioniera di sé stessa.

È lei che mi protegge dall’eccesso,
conosce quell’abisso che mi aspetta
e tesse silenziosa
la trama costante della mia ombra.

 

SMEMORATEZZA

Che volubile dio confonde
Il proprio con l’estraneo,
il centro coi margini?

Un’imprevedibile simmetria
cancella ogni notte
ciò che di giorno si va accumulando.

Un dettaglio scordato
mi definisce, e nasce
l’oscuro piacere del non ricordo:

la novità di non essere
ciò che credevo.

 

CREPA

Sul muretto di fronte
è comparsa una crepa,
indecisa.

La vita che vi palpita
è differente dalla nostra
ma avrà a sua volta ponti, strade,
piazze e mercati,
gente solitaria,
pioggia o sole.

Tutto il fermento,
tutta quell’ombra
nella fessura
disegnata dal caso
nel muretto che mi guarda osservarla.

A un tratto
sono dentro di lei,
tocco i suoi margini
e vi guardo attraverso:

fuori è notte,
vedo passare una donna, un uomo:
camminano come non fossero
contenti di arrivare dove devono.

La crepa non è male,
mi sono accomodata dentro a lei
e vado meditando se sia meglio
abbandonarla o restarci:

forse sto meglio qui
che fuori.

 

REGNI

Se io potessi scegliere
di nascere in qualche altra forma
senz’altro sceglierei
di appartenere al regno vegetale.

Il regno animale
è oltremodo incerto,
nomade obbligato
e sempre all’erta.

Vorrei delle vacanze
dal concetto e l’idea.

Ondeggerei
come una snella palma
o lentamente crescerei
come una pianta d’edera.

Risplendereicome orchidea o rosa,
o durerei castagno,
quercia, olivo.

Nessun regno vive di più nel sole,
nessuno cresce di più con il vento.

Essere solo foglia,
sopra e sotto, serena nervatura,
linfa, radice e accrescimento
attaccato alla terra,
attento al cielo.
L’ALBERO ALL’ANGOLO

Per Alicia García Bergua

Mi piace
la calma statura degli alberi;
il loro modo di star lì
quasi per caso, obbedendo
al gesto lontano di uno sconosciuto
di seminarli lì,
in quel posto prescelto per loro
da una mano che forse è già assente,
o perché sono nati
dal perdersi di un seme
venuto da lontano,
fino a che è germogliato
proprio in quel bosco, in quella selva,
in quel giardino che ha potuto
salvarsi in qualche modo
da seghe e grattacieli.

Nulla,
non vogliono nulla,
essere solo e continuare a essere
ogni mattina chiara.

Crescono lentamente:
non esistono alberi istantanei,
né un orologio con la data di consegna
si è visto mai
nel loro calmo calendario
né in quei rami avidi
solamente di spazio, vento,
acqua e tempo.

Vento per sparpagliare i semi,
spazio per foglie e rami,
– case di uccelli –,
e tempo perché l’acqua salga
dalla radice fino al tronco e ai fiori.

Non c’è modo migliore
d’essere vivi e di crescere al sole
e di addentrarsi nell’ombra
al centro della Terra.

Queste righe vorrebbero
perdersi in mezzo ai rami
di quel tuono,
eretto per svettare
sull’angolo della mia via
in questo imbrunire autunnale.
CARTOLINA

I viaggi
aprono crepe nel tempo.

In loro
si affaccia un ritmo nuovo
dai contorni profughi.

Apro la porta
e arriva il viaggio:
come un terremoto
arriva con lo stesso preavviso
di un rumore al fondo dei giorni.

Viaggiare per stornare,
nell’intervallo fra due viaggi,
il naufragio causato
dalle sirene di ieri,

quelle del viaggio
i cui resti ritornano
in certe mattine
alla mia riva.

Blanca Luz Pulido (Estado de México, 1956) lavora come docente e ricercatrice presso l’Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UNAM) ed è membro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes del Messico. Oltre a vari libri di saggi e a traduzioni dall’inglese, dal francese e dal portoghese, ha pubblicato più di dieci raccolte poetiche, tra cui ricordiamo: Fundaciones (1980), Raíz de sombras (1988), Estación del alba (1992), Reino del sueño (1996), Los días (2003), Pájaros (2005), La tentación del mar (2012).

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